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domingo, 25 de diciembre de 2011

El 2011 fue un año bastante activo para la exhibición local del cine argentino.


 
El 2011 fue un año bastante activo para la exhibición local del cine argentino, con varios títulos que llamaron la atención de crítica y público, pero con algunas divergencias de criterios, afinidades y gustos en el balance de lo mejor del año. 
En el año 2004 se volvió a crear la Academiade Artes y Ciencias Cinematográficas de Argentina, cuya existencia había sido interrumpida por decreto en el año 1955 por el gobierno de facto de ese entonces. Cualquier semejanza con el nombre de “la otra” Academia, el AMPAS (Academy of Motion Picture Arts and Sciences) ó sencillamente ‘la Academia’ de Hollywood, es algo más que una coincidencia. De hecho, una de las tareas más públicamente conocidas dela Academia Argentina es la elección del film que representará a nuestro país en la competencia anual por el premio Oscar (otorgado por el AMPAS de Hollywood) en el rubro “películas en idioma extranjero”, haciendo la salvedad de que “idioma extranjero” en Hollywood significa que se trata de cualquier otra lengua que no sea la inglesa.
Otra de las actividades públicamente notorias dela Academiaes el otorgamiento de los Premios Sur, que anualmente les son concedidos en diferentes rubros a los profesionales y películas más votados por los 240 miembros académicos actuales. Está establecido que en el mes de septiembre de cada año,la Academiase expide en ambas cuestiones: el film que competirá por el Oscar en California y los ganadores de los Premios Sur, a ser entregados en una ceremonia y gala cada diciembre.
Este año se dio a conocer, ya entrada la primavera, el título de la película contendiente por la estatuilla dorada hollywoodense; se trata de “Aballay, el hombre sin miedo”, dirigida por Fernando Spiner. Si bien este western sureño (¿southern?) resulta ser un título muy querido y apreciado por el público y la gente de cine, surgió una polémica respecto de la inclusión en la lista de candidatas a la película “El Estudiante”, dirigida por Santiago Mitre, producción realizada sin apoyo financiero del INCAA (Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales).
El asunto es que dos meses más tarde, la misma Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas dela Argentinada a conocer los resultados de las votaciones para los Premios Sur y, oh, sorpresa, la elegida como Mejor Película Argentina de 2011 es “Un Cuento Chino”, dirigida por Sebastián Borenzstein. Como Mejor Ópera Prima se elige a “El Estudiante”, y “Aballay” se lleva ocho (8) premios en diferentes rubros pero sólo uno que remite directamente a la integridad del film, que es el premio al Mejor Director, otorgado a Fernando Spiner.
Aquí es cuando uno baja los brazos, resignándose a no intentar entender más nada. Si no es la mejor película la que se designa para que represente ala Argentinaen los Oscar, ¿entonces a cuál? Es un secreto a gritos que la preferida por los críticos de cine es “El Estudiante”, sólo exhibida en dos salas de Buenos Aires, en tanto que la opinión del público general está dividida entre “Aballay” y “Un Cuento Chino”. Lo innegable es que de los tres films, el que lleva la delantera en recaudación es éste último, y con enorme ventaja sobre los otros dos. Con este dato en mente, uno comenzaría a creer que para el Premio Sur primó la boletería y para enviar al Oscar el criterio fue de calidad, pero eso deja injustamente afuera a una de las tres películas, “El Estudiante”, que también tiene todas las de ganar.
En fin, hay tanta confusión en conceptos mucho más elementales que estos, que en lo inmediato desisto de buscar una lógica satisfactoria. De todos modos, la calidad del cine no se mide ni en premios ni en goles, como muchos nos quieren hacer creer.

miércoles, 23 de noviembre de 2011

Solicitan que el presupuesto provincial sea rechazado.



Pedido a los legisladores
Médicos solicitan que el presupuesto provincial sea rechazado
  
Aseguran que el monto asignado a Salud no alcanza para cubrir las necesidades del sistema.
Los trabajadores nucleados en la Asociación Sindical de Profesionales de la Salud de la Provincia de Buenos Aires (CICOP) solicitaron este martes a los legisladores bonaerenses, a través de sus Presidentes de Bloque, que rechacen el presupuesto provincial remitido al Parlamento por parte del Poder Ejecutivo que encabeza Daniel Scioli y que será tratado este miércoles.
El pedido lo realizaron tras considerar que el monto asignado al área de Salud no es suficiente para cubrir las demandas del sistema. “Nuevamente se reduce el porcentaje de la participación de Salud en relación al gasto total del Estado provincial: mientras en 1994 era del 10 por ciento, en el 2011 fue del 6,60 y será del 6.48 en el 2012. Esto indica una tendencia negativa pronunciada en la atención de las políticas de salud pública por parte del Estado. A su vez, es el porcentaje más bajo de todas las provincias del país”, indicaron desde el gremio.
Hugo Amor, titular de la CICOP, explicó que “el Presupuesto de Salud elaborado por el Ejecutivo revela la ausencia de voluntad política para dar respuesta a las necesidades sanitarias de los bonaerenses. Y esta consideración la hacemos extensiva al conjunto de las políticas sociales incluidas en el presupuesto total del Estado provincial”.
“6.746.937 habitantes de Buenos Aires, que representa el 49 por ciento del total, no tienen cobertura formal de la seguridad social. Vivimos en una provincia en la cual la población con necesidades básicas insatisfechas alcanza a 2.311.271 personas, es decir el 15.8 por ciento de los bonaerenses. La mortalidad infantil es del 12 por mil. En algunos partidos del conurbano como Berazategui y Ezeiza es superior al 18 por mil. El 58.8 por ciento de estas muertes, 3450 en el 2010, son por causas evitables”, indicó Amor a modo de ejemplo.
A su vez, señaló que la disposición de camas públicas por cada mil habitantes es del 1.1 en la provincia, pero en Quilmes y Lomas de Zamora es sólo del 0.4. “Estas cifras muestran un grave déficit que explica la saturación y el desborde a los que están sometidos los establecimientos con internación. La OMS recomienda 3 camas públicas cada mil habitantes y en vida de Carrillo había 10 cada mil”, dijo.
Por su parte, Pablo Torres, secretario general del gremio, señaló que a la hora de elaborar el presupuesto “suman al ejecutado el año anterior una cifra que se deriva de la inflación prevista para el 2012 y los costos de los establecimientos que se pondrán en funcionamiento. Es decir, se pone un techo financiero y dentro de esas cifras se diseñan las acciones sanitarias. Los 1.700 nuevos cargos destinados a salud son una muestra de la total falta de consideración de las necesidades del sistema. Está previsto inaugurar cuatro nuevas Unidades de Pronta Atención (UPA) y se “avanzará” en la construcción del hospital de ciudad Evita en la Matanza, totalmente insuficiente y de impacto casi nulo en la oferta de camas públicas disponibles. Los establecimientos existentes, con notoria carencia de personal, se tendrán que arreglar con lo que tienen”, reclamó.
Además de rechazar el presupuesto de salud por considerarlo insuficiente, desde la CICOP proponen que el presupuesto sanitario se elabore en base a las necesidades de la población y teniendo en cuenta las opiniones de los legisladores, de las organizaciones sociales y políticas y de los trabajadores de la salud. “Necesitamos un verdadero presupuesto participativo no sólo en la distribución de recursos sino también en su determinación y asignación”, expresó María Teresa Sosa, secretaria gremial de la CICOP.

viernes, 7 de octubre de 2011

El sistema de salud en crisis.


De Punta a Punta: Iguales indicadores de salud 
Por Jorge Rachid, médico

Uno puede preguntarse dónde confluyen elementos en apariencia distantes pero imbricados en una confluencia de pensamientos, íntimamente ligados a la hora de las definiciones sanitarias, verdadera hipoteca social a construir en los próximos tiempos.
Desde la cultura, expresada como una conciencia colectiva del pueblo argentino, anida como elemento determinante la salud como un derecho humano, esencialmente solidario, de cuidado universal en términos sanitarios, de valoración permanente de una sociedad que sólo en salud puede construir un destino común, sin diferencias raciales, étnicas ni sociales. Una cultura que se reconoce desde los albores del siglo XX como herramienta común del bien social compartido, con un estado presente y una accesibilidad plena al conjunto del pueblo.
El cuidado de la salud es una tarea permanente de la comunidad organizada, desde la niñez a partir del momento mismo de la gestación, con controles maternos, seguimientos de embarazo, nacimientos pautados, control médico, planes de vacunación y asistencia materno infantil. Alimentación correcta, seguimiento hasta el año de vida, control escolar, condiciones de vida con indicadores presentes que impliquen el desarrollo pleno del niño hasta su edad escolar, con apoyo sanitario en la escuela en exámenes periódicos hasta su finalización en la educación sistemática, hacen de un pueblo una posibilidad de desarrollo pleno en sus posibilidades de crecimiento y movilidad social ascendente. La prolongación de los sistemas de apuntalamiento de la salud en la vida laboral, ámbito de seguimiento y detección precoz de patologías, en la etapa media de la vida, con medidas de higiene y seguridad en el trabajo, eliminando las posibilidades de enfermedades profesionales y siniestralidad laboral, para llegar a la etapa plena de la llamada tercera edad con el menor índice de deterioro posible para gozar de una vejez digna de ser vivida, es posible en una acción planificada a tal fin.
Esa concepción, es una cultura asentada en la organización social a la cual está destinada, que debe ser de participada en forma activa en la comunidad en la cual se referencia, ya que conoce íntimamente las prioridades sanitarias de su lugar de referencia. Esa organización naturalmente diferente en ámbitos rurales y urbanos, respetando las características endémicas de las provincias argentinas y con respuestas puntuales de los sistemas de abordaje a la preservación de la salud del pueblo. Un país justo es aquel que tiene en su despliegue territorial los mismos indicadores de salud en cada rincón de la Patria, eso es justicia social, es concepto central en la medicina social.
(...)La enfermedad es un negocio desde el punto de vista del lucro, en los sectores de la medicina privada y siendo la salud y su preservación como política prioritaria, es contraria a esos objetivos económicos y favorable a los sistemas solidarios de salud.
De ahí que la industria farmacéutica y el avance indiscriminado de la tecnología médica, han hecho de la relación médico paciente una máquina de de recetar y solicitar estudios, antes que una valoración semiológica plena de las circunstancias que determinan los síntomas y signos de la enfermedad, que sólo se logra interrogando, revisando, explorando el cuerpo del paciente antes que la receta rápida y el estudio de última generación. Volver al médico reflexivo y de diagnósticos diferenciales que justifiquen su accionar, que dirijan y orienten al paciente, que expliquen los pro y los contra de los tratamientos, implica una política que va desde cambiar las currículas de formación en la universidad, hasta la formación permanente durante su vida profesional, lo mismo que el personal auxiliar de la medicina desde la enfermera al camillero, desde el ambulanciero al agente sanitario, en una tarea a planificar y jerarquizar en su accionar.
Los sistemas solidarios de atención de la enfermedad han sido fragmentados e intrusados por los sistemas de lucro, en una acción desarrollada a través de créditos del Banco Mundial, que llevó al gerenciamiento del PAMI, las prepagas dentro del sistema de obras sociales por la desregulación de las mismas, al kioscado de servicios ( por ejemplo resonancia magnética privada y laboratorios de análisis en ámbito hospitalario) en los hospitales públicos y deterioro paulatino de los institutos provinciales, que han generado una diáspora de atención e injusticias regionales, que hacen desde la expectativa de vida del niño al nacer, según la región, una diferencia social absolutamente injusta.
Cuando el eje de la salud pasa por el financiamiento como estructuración de las políticas a largo plazo, entramos por la ventana a una discusión que nos debemos sobre un plan nacional de salud solidario e integrado, donde los recursos de la solidaridad estén preservados para ese único fin al cual aportan los trabajadores activos y pasivos del país, parte sustantiva de los cuales, contados en miles de millones, son captados por los sistemas de prepagas, verdaderos negocios de lucro, a costa de los sistemas solidarios de salud .
Entre el sector público hospitalario que atiende 17 millones de argentinos, los institutos provinciales que agregan 6 millones, las obras sociales que dan cobertura a 16 millones, el PAMI con otros 6 millones y sumando mutuales y cooperativas, como se observa la cuenta total, por la suma que supera los últimos censos de población , demuestra los entrecruzamientos que son moneda corriente y que pese a los aportes no logra una atención comunitaria plena. En ese sentido que la industria farmacéutica conlleva el 31% del gasto en salud, en un verdadero disparate social que no ocurre en ningún lugar del mundo. Debemos agregar además que 2,5 millones de personas están en las prepagas recientemente reguladas por ley, pero sin evitar la intrusión en los sistemas solidarios, de los cuales se nutren, sin aportar al APE (administrador de programas especiales conformado por el 15% del aporte de los trabajadores que se suma al 3% del salario, en forma solidaria para el PAMI), lo cual significa un verdadero vaciamiento económico de recursos solidarios, destinados a la salud con aporte de salario diferido.
Cerrar con imaginación y creatividad, los sistemas solidarios sobre si mismos, excluyendo los sistemas de lucro, de cara a la medicina social del siglo XXI, implica un proceso de construcción por etapas de complementación en áreas críticas como alta complejidad, medicamentos de alto costo y baja incidencia, discapacidad, programas especiales sin financiamiento actual como fertilización asistida y cirugía bariátrica, leyes correctas desde el punto de vista médico pero inviables sin el financiamiento adecuado. El sistema solidario debe cerrar una mesa de cuatro patas con el PAMI, los institutos provinciales, las obras sociales sindicales y el sector público hospitalario que vaya complementando esas áreas, sin perder identidad, con planificación compartida en lo estratégico, con protocolos comunes de tratamiento, con carrera médica compartida, sistemas de control y seguimiento informático comunes que incluyan historia clínicas, recuperando recursos de las ART y los seguros de terceros por descuento automático como realiza hoy el hospital público sobre las obras sociales, entre otras medidas de apuntalamiento paulatino de reconstrucción de los sistemas solidarios desvastados por la lógica economicista neoliberal.
La inversión total en salud en el país es de 122 mil millones de pesos, de los cuales casi 30 mil son de obras sociales de trabajadores conveniados, 17 mil del PAMI también de aporte solidario con la misma cifra en los Institutos Provinciales, lo que determina que mas del 50% del gasto en atención de la enfermedad proviene de los sistemas solidarios. En ese gasto anual participa el sistema privado de prepagas en un 25% para atender a menos del 10% de la población en forma directa, mientras mas del 90% de nuestro pueblo se atiende por los aportes solidarios y gastos de bolsillo que no son menores a la hora de la enfermedad.
El desafío entonces se da en el marco de la planificación sanitaria nacional y federal, participativa y solidaria, en la cual los actores actuales interactúen en un Consejo Nacional de la Seguridad Social, que es deseable sea por ley y que fije pautas desde el arancelamiento de los prestadores hasta la protocolización médica de los tratamientos, con inversión plena en la prevención y apuntalando la medicina social desde el médico de familia hasta la alta complejidad. Nuestro país tiene el recurso humano necesario para hacerlo, tiene instituciones aptas para administrarla, tiene experiencia en cubrir la demanda y tiene una cultura en el seno del pueblo que lo hace viable en el largo plazo, recuperando la concepción carrillista enterrada por la lógica del pensamiento neoliberal.